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“Por un lado, tenemos la tradición liberal constituida por el gobierno de la ley, la defensa de los derechos humanos y el respeto a la libertad individual; por el otro, la tradición democrática, cuyas ideas principales son las de la igualdad, la identidad entre gobernantes y gobernados y la soberanía popular. No hay una relación necesaria entre esas dos tradiciones diferentes, sino sólo una articulación histórica contingente.” Chantal Mouffe

«Que lo viejo no muere y lo nuevo no acaba de nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más diversos». Antonio Gramsci

La crisis de representación que abrió el 15M no se ha cerrado

La crisis de representación que abrió el 15M no se ha cerrado y se enuncia como una lucha entre Liberales y Demócratas. Una crisis que impacta directamente en la forma partido. Una herida que sigue abierta desde 2011  y que ha intentado ser suturada sin éxito por el momento. El apresurado envejecimiento de la Nueva Política, decantándose por la tesis liberal, se escenifica en el acuerdo por arriba entre IU, Podemos y Equo para coaligarse en las próximas elecciones municipales. La promesa de agitar conflictos como método para facilitar condiciones de cambio ha sido sustituida por la apelación a la patria, la ley y el orden como la solución que necesitan las clases populares ante el supuesto desorden neoliberal. Responsabilidad institucional y gobernismo.  Vuelta al eje izquierda-derecha y al discurso progresista. Se acabaron hace tiempo los discursos de ruptura. Otro intento de arrinconar la “Unidad Popular” que se construye desde las luchas concretas en cada barrio y en cada pueblo. Un signo de debilidad sin paliativos. Un escenificación de cierre por arriba ante la apertura que necesita el momento político actual. Un intento de cooptar en 2019 la confluencia radical de vecinos y vecinas que quieren hacerse cargo de la política municipal.

Las auto denominadas fuerzas del cambio son ya de recambio. Estructuras vacías que van siendo colonizadas en cada municipio por oportunistas y arribistas, postulantes a burócratas. Máquinas electorales obsesionadas con Ganar donde los personalismos, cuando no el Cesarismo, impiden la democracia. La lucha por la hegemonía en la representación desde partidos y sindicatos no es funcional ni sirve a la transformación social.

Lo que tenemos que decirles a todos estos aparatos desde el Municipalismo Asambleario es que nosotros ya ganamos en 2015. Y lo hicimos dando todo el protagonismo a las vecinas, al activismo, a los movimientos sociales y ninguna, o muy poca, a nuestras marcas de usar y tirar,  en las cuales nos apoyamos de forma instrumental. Nuestra porosidad a los conflictos y a las luchas, permitieron crear espacios de confluencia inclusivos, amplios y diversos en su compositiva con los que se consiguieron resultados electorales que disputaron el poder a los grandes partidos.

Reconocer que el repliegue del amplio apoyo a las Candidaturas Municipalistas ha permitido su rápida institucionalización en muchos casos. Necesaria autocrítica desde un movimiento que consideró que la mera entrada de “Los Nuestros” en la institución provocaría su transformación estructural y delegaron. Ha sido esa retirada, la ausencia de tensión Movimiento – Partido, lo que ha impedido en muchos casos el desborde de la acción institucional. La ruptura del techo de Cristal que algunos pensaron que podrían hacer saltar en pedazos desde dentro, necesitaba mucha calle. Ese mismo repliegue es el que está propiciando ahora, la posibilidad de cierre por arriba de la anomalía política que supone la presencia de las Candidaturas de Unidad Popular en los municipios de la Comunidad de Madrid.

 

Por qué necesitamos un Municipalismo de Combate

Necesitamos un municipalismo de combate que desborde la actual institucionalidad por una causa objetiva, clara y comprobable. El escenario económico no va a mejorar de forma sustancial. El proyecto socialdemócrata en el que se inscribe un amplísimo espectro de la izquierda europea ya no dispone de las bases materiales para reproducirse. La crisis es reproductiva. El alargamiento de su agonía en base a la creación de deuda soberana tiene un límite cercano. El mito progresista ya no da más de sí. Estamos ante una revolución tecnológica, y por lo tanto ideológica, que no es una apuesta por el bien común, ni producirá progreso moral, ni una distribución más igualitaria de la riqueza. En el Capital, el progreso tecnológico se concibe principalmente como una forma de eliminar costes salariales y aumentar así las plusvalías. No podemos esperar nada por lo tanto, de aquellos actores políticos que asumen unas reglas donde las cartas están marcadas. Un juego amañado donde la banca siempre gana.

Los cercamientos capitalistas y sus desposesiones deberán ser combatidos en cada punto, en cada localidad, desde otra institucionalidad arraigada en el territorio que deberá ser promovida desde los movimientos y las luchas  concretas. Ante la precarización de las clases populares y el descabalgamiento de millones de personas de las clases medias, la relocalización de la política desde el autogobierno, la independencia y la autonomía se nos presenta como el instrumento fundamental para dar la batalla. Crítica a la injerencia en los municipios de partidos de ámbito estatal. Correas de transmisión de arriba a abajo de las lógicas que manan desde la estrategia central de un Estado siempre al servicio de las lógicas neoliberales. Lo sufrimos en la última burbuja inmobiliaria, donde la transversalidad del absoluto consenso partitocrático sobre el ladrillo que respondía a los intereses del sector financiero internacional, sirvió para que el expolio del territorio y del derecho a la vivienda en los municipios fuera si cabe, más intenso y minucioso. Superar el marco de centralidad del Estado-Nación desde la fragmentación política por abajo y su federación se nos presenta como una alternativa posible para hacer frente a las lógicas de expolio orquestadas desde los centros de decisión políticos que conniven con el neoliberalismo.

Los espacios de autonomía que no responden a ninguna centralidad, que son autónomos, independientes y desobedientes son un problema para las estructuras verticales partidarias y sindicales. Una anomalía política a extirpar por aquellos actores que trabajan en el horizonte de la toma del poder por arriba y que necesitan que todo fluya sin disidencias hacia abajo. En los municipios necesitan obediencia.

 

¿Qué hacer?

El movimiento destituyente de las plazas y su proyecto de revolución democrática sigue socavando las bases en las que se asienta el régimen de representación. Aflora cada vez, como hizo con la huelga feminista del 8M o en las protestas de los pensionistas, para evidenciar que los procesos de transformación social no van a someterse a las agendas de partidos y mastodónticas estructuras sindicales, demasiado preocupadas por su auto-conservación, demasiados centradas.  Son nuevos hitos en la fractura entre la calle y aquellos que pretenden instrumentalizarla para alcanzar altas cuotas de representación.

El municipalismo democrático es movimiento. No es vanguardia esclarecida. Sin movimiento no tiene fuerza. Decae. Será el movimiento popular el que decida si su expresión institucional será en 2019 las coaliciones de las nuevas-viejas formaciones políticas, las candidaturas de unidad construidas desde abajo o la abstención activa. Lo que tenemos claro los municipalistas democráticos, que somos en cierto modo el electorado del 15M, es que la abstención activa no es una mala opción ante la consumación de la traición al mandato de las plazas. Un mandato vigente donde el liberalismo, la verticalidad, el cierre por arriba desde los despachos y los personalismos no están incluidos. Estaremos muy pendientes a las emergencias y demandas democráticas de los movimientos sociales que vendrán en los próximos meses.

La crisis se nos presenta como una crisis de cuidados y reproductiva. Es necesario romper con la idea de Municipio-Empresa y la economía extractiva que promueve, o a la que se presta.  Para seguir instituyendo Común desde el municipalismo democrático es necesario ampliar nuestra presencia en los conflictos, crear espacios de autonomía allí donde podamos, hacer sindicalismo social e impulsar desde este ecosistema, candidaturas municipalistas desobedientes que provoquen funcionamientos disruptivos de la institución liberal a favor de las clases populares.

Apostamos en la Comunidad de Madrid por un modelo de municipalismo asambleario, abierto, horizontal, sin secretarios generales donde las gentes que quieran empujar y golpear se encuentren. Un municipalismo arraigado en el territorio que decida de forma autónoma si entra o no en las instituciones. Donde el mandato imperativo respecto a las asambleas impida la autonomía de lo político. Democracia radical sin mediaciones para hacer frente a un sistema en descomposición


Jose Luis Manchón
Madrid por el Municipalismo

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